Más acá
de las fronteras nacionales, miles de fronteras de género, difusas y
tentaculares,
segmentan cada metro cuadrado del espacio que nos rodea. Allí
donde
la arquitectura parece simplemente ponerse al servicio de las necesidades naturales
más básicas (dormir, comer, cagar, mear..) sus puertas y ventanas, sus
muros y aberturas, regulando el acceso y la mirada, operan silenciosamente como la
más discreta y efectiva de las "tecnologías de género."